Calvario


IMÁGENES DEL CALVARIO


Imagen de la Sala del Sagrario en la Ermita de San Telmo, gentileza de www.semanasantadejerez.com

“Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.

Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dice: «Tengo sed.» Había allí una vasija llena de vinagre. Sujetaron a una rama de hisopo una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a la boca. Cuando tomó Jesús el vinagre, dijo: «Todo está cumplido.» E inclinando la cabeza entregó el espíritu”. Evangelio según San Juan (Jn 19,25-30)

Este pasaje es lo que representa el Calvario, con Jesus Crucificado, la Santísima Virgen María y San Juan, siendo ambos al pie de la cruz, partícipes del drama de la Redención del Señor.

En cuanto a Imágenes existentes en la Hermandad, en el inventario del año 1829 de la Capilla de San Telmo se cita textualmente:
“Tres imágenes de Nuestra Señora del Valle. Una en su altar, otra en el altar mayor y otra en el almacen sin vestir. Dos imágenes de San Juan, una en el altar mayor y otra en el de la Virgen. La efigie del Señor de la Expiracion en el altar mayor” .
Además, en el primer tercio del s.XVII tambien había dos Cristos en la hermandad, y se les distinguía llamando a uno de ellos “el Cristo grande”.

En el altar de la Virgen, estaba la imagen titular del Valle, con su corona de plata, y la de San Juan, igualmente con su diadema de plata. En el altar mayor se veneraba al Santísimo Cristo de la Expiración en su urna o paso, y a ambos lados, las imágenes de la Santísima Virgen y San Juan, con coronas o diademas de lata, todas ellas de talla, componiendo un Calvario. Actualmente, en el Sagrario, se encuentra un Calvario compuesto por tres imágenes de talla, que aparentemente son las anteriores de la Santísima Virgen y San Juan, junto con el segundo crucificado que existía también en la Hermandad o “Cristo pequeño”.

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El Crucificado


Sin duda alguna, en el primer tercio del s. XVII había dos Cristos en la hermandad, y se les distinguía llamando a uno de ellos “el Cristo grande”. Así en las cuentas de 1615: “Seis reales que se gastaron en aderezar el Cristo grande”. Por lo tanto, el Cristo que forma el Calvario, es el “Cristo pequeño”, es decir, el otro crucificado que había en la ermita y se menciona en los archivos históricos.

Imagen del Crucificado, gentileza de www.semanasantadejerez.com

ATRIBUCIÓN A DIEGO ROLDAN


Abordamos, con la transcripción parcial de este artículo, la atribución de unas imágenes que se veneran en la Ermita de San Telmo, de Jerez de la Frontera, concretamente en el Sagrario, al escultor Diego Roldán y Serrallonga, partiendo de las similitudes que presentan con otras tallas de este artista, particularmente con la Dolorosa titular de la Hermandad de la Expiración, Nuestra Señora del Valle, atribuida a este artífice del barroco.

[Basado en el artículo publicado y denominado “El escultor Diego Roldán y la Ermita de San Telmo” (Antonio de la Rosa Mateos y José Jacome González). www.lahornacina.com]

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Breve Biografía del autor


Este artista había nacido en Sevilla en torno al año 1700, siendo hijo de Marcelino Roldán y Josefa Serrallonga y primo de Pedro Duque Cornejo y Roldán. Su aprendizaje se inició en el taller familiar de su tío Pedro Roldán el Mozo, hijo del celebérrimo maestro escultor Pedro Roldán el Viejo, y con su otro tío José Felipe Duque Cornejo, padre de Pedro Duque Cornejo, que en su condición de primo de mayor edad, pudo haber ejercido de instructor en sus primeros pasos en el oficio. Posiblemente, en los años 1720-1721 debió obtener el grado de maestría en el arte de la escultura, si bien su escaso virtuosismo, le animó, ante la feroz competencia de los representantes de este gremio en la capital hispalense, a demostrar su valía profesional -amparado en la estela del legendario apellido Roldán-en nuestra ciudad, fusionando su estilo aprendido en el taller familiar, con las formas implantadas por los artistas locales del momento.

Pese a lo dicho en el anterior párrafo es un artista de referencia para el estudio de la arquitectura de retablos y la escultura del siglo XVIII en la comarca, particularmente por el barroquismo de sus formas roldanescas, muy del gusto popular y apreciado por sus comitentes. En sus obras se muestran unas formas muy artificiosas, más aparentes y efectistas, logrando movimientos muy forzados, escasamente veraces, muy distorsionados, que revelan en ocasiones sus propias limitaciones, sin alcanzar las altas cotas de consideración de otros representantes de su saga familiar.

Su primera obra documentada en nuestra ciudad es el Relieve Escultórico del Retablo de las Ánimas de la Parroquia de Santiago, fechado en 1722 y hoy desaparecido. Especial interés tiene para esta investigación, la obra documentada de este artista, correspondiente a la decoración e imaginería de reducido formato para el mobiliario litúrgico, como la “Cajonería de la Sacristía de la Parroquia de San Miguel”, realizando las tallas del “Ecce Homo”, una “Dolorosa” y los “Querubines” en el año 1725, o los “Relieves de la Sillería de San Lucas”.

Podríamos ampliar notablemente el elenco de otras obras escultóricas, que ejecutó en compañía de otros afamados artistas de la arquitectura sagrada, entre los que citamos a Agustín de Medina Flores, en el “Retablo del Rosario de los Montañeses”, del jerezano convento de Santo Domingo, contratado en 1740.

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La Dolorosa y San Juan


En cuanto a las imágenes que se encuentran en el actual Sagrario de la ermita de San Telmo de una “Dolorosa” y un “San Juan Evangelista”, ambas de talla completa, ahuecadas en su parte posterior, con respaldo aplanado, lo que evidencia que formaron parte de la imaginería de un retablo. Estas efigies miden 1,10 metros de altura.

Por lo que respecta a la “Dolorosa”, su rostro es muy similar a las imágenes de Diego Roldán, con los característicos ojos almendrados, cejas muy finas con marcada “V” central, nariz de caballete afilado y boca ligeramente entreabierta. Estos rasgos los podemos comprobar, con las diferencias evidentes entre ambas tallas, en la imagen de “Santa Catalina de Siena”, del retablo del Rosario, del monasterio de Santo Domingo, de nuestra ciudad, obra documentada de Diego Roldán.

Destaca el tratamiento de las vestiduras, particularmente el recogido del manto, muy similar al de la túnica del “Ecce Homo”, de la cajonera de la sacristía, de la Parroquia jerezana de San Miguel, obra documentada de este escultor. Podemos observar cómo termina a la altura del pecho y es sostenido entre las manos entrelazadas de la imagen. De igual forma, el rostrillo es de similar factura al de la “Dolorosa” del citado mobiliario litúrgico de San Miguel, obra documentada de este mismo artista.

Imagen de la Santísima Virgen, gentileza de www.semanasantadejerez.com

A su lado, la imagen de “San Juan Evangelista”, en cuyo rostro se vuelven a repetir las facciones y rasgos distintivos de la obra de Diego Roldán, destacando el ondulado tratamiento del cabello, a grandes bucles y tallados sin gran detalle. De forma semejante a la Dolorosa, con la que conforma la “Sacra Conversación”, su manto se recoge en el centro de su pecho, a la altura del cinto con el que se sostiene su túnica. Destacan ambas manos, cuyos dedos corazón y anular están muy juntos, rasgo distintivo en la obra de Diego Roldán, que podemos comprobar en la mano derecha de la Dolorosa de la cajonera de la sacristía de San Miguel.

En ambas imágenes sobresalen sus miradas perdidas, obnubiladas, con ojos de grandes pupilas, en este caso, pintadas, sin tener ojos de pasta vítrea. Sus rostros denotan gran expresividad, de acusado dramatismo, acrecentando su dolor, sus labios entreabiertos. Curiosamente, la “Dolorosa” carece de lágrimas y no muestra rastros que pudieran dejar entrever la posibilidad de que las tuvo en origen.Destacan sus finos y esbeltos cuellos, sus rostros alargados de pómulos poco pronunciados y el marcado entrecejo, con llamativa depresión central. La imagen de “San Juan” la encontramos muy semejante a la homónima de la Hermandad del Nazareno, de Sanlúcar de Barrameda, cuya cabeza y manos realizó Diego Roldán en 1759, por lo tanto, es una obra documentada, firme referente para esta atribución. Posteriormente, esta talla de la mencionada Cofradía sanluqueña ha sido restaurada con poca fortuna.

En estas imágenes la policromía es muy rica y variada en sus motivos vegetales, que sobresalen sobre los tonos de fondo en colores ocres, azules y rojizos. En los estofados encontramos fieles reproducciones de los tejidos derivados de los brocados del siglo XVII y XVIII, con destacada importancia de los motivos florales, referencias del posible uso de patrones de la estampación textil.

Imagen de San Juan, gentileza de www.semanasantadejerez.com

En el inventario del año 1829 de la Capilla de San Telmo se cita textualmente:
“Tres imágenes de nuestra Señora del Valle. Una en su altar, otra en el altar mayor y otra en el almacen sin vestir. Dos id. de San Juan, una en el altar mayor. Y otra en el de la Virgen. La efigie del Señor de la Espiracion en el altar mayor”.

Por ende, en el altar mayor se veneraba el Santísimo Cristo de la Expiración en su urna o paso, y a ambos lados, las imágenes de la Santísima Virgen y San Juan, con coronas o diademas de lata, que son a las que nos referimos en este artículo más arriba, todas ellas de talla, componiendo un Calvario.

El altar mayor se había construido a principios del siglo XVIII, concretamente a partir de 1701, por el entallador Francisco Antonio de Soto, quien lo concluyó en 1705, siendo posteriormente, reformado y sustituido en los años 1806-1807, por otro retablo de manos del artista José Tejeda.
En el altar de la Virgen, estaba la imagen titular del Valle, con su corona de plata, y la de San Juan, igualmente con su diadema de plata.
Resulta del todo curiosa la existencia de tres imágenes bajo la misma advocación, a la que habría que sumar la que apareció emparedada en una hornacina de la Ermita (Actualmente llamada como “Virgen del Buen Aire”).

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Basado en el artículo publicado y denominado “El escultor Diego Roldán y la Ermita de San Telmo” (Antonio de la Rosa Mateos y José Jacome González). www.lahornacina.com